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Sobre la Fe


El día de hoy, la Iglesia católica  hace lectura del Evangelio de San Juan  al capítulo 11, sobre el relato de la resurección de Lázaro.

El primer mensaje de éste relato de Juan,  hace referencia a la  humanidad de Jesús; Él se encontraba bien en Betania con aquella familia “Jesús amaba a Marta ya su hermana y a Lázaro”. Fue un amor especial, que es típico de la verdadera amistad. Esta es un acontecimiento real, en el que Jesús no oculta sus emociones y sentimientos que constituyen el tejido de nuestra existencia normal, de la amistad y la separación, la desesperación y la esperanza, la oración y las lágrimas, como nos narra el evangelista Juan; Jesús llora frente a la tumba de su amigo… el llanto en ocasiones, es el único lenguaje que el corazón se puede permitir.

Lo que resulta un poco extraño  para nosotros, al escuchar o leer el relato, es que Jesús, una vez informado de la enfermedad de su amigo, dejó pasar dos días antes de ir a su encuentro. (Jn11,6) Si Jesús hubiera ido enseguida, lo hubiera sanado de su enfermedad sin lugar a dudas, pero en el relato aprendemos que Jesús no es Aquel, que nos da una simple mejoría, es Aquel que nos da la resurrección a una vida totalmente nueva.

Ser sanado por Jesús, quiere decir, llegar a ser aquello que se era antes de enfermar. Resucitar, quiere decir, “llegar a ser”, no como se era antes, sino como “después”, no como “éramos” sino a “como seremos”.  La tumba es la cuna del nuevo nacimiento y la muerte deja el sitio a la nueva vida. La buena noticia que llega desde Betania  hasta nuestros días es que Jesús nos resucita.

¿Y qué es lo que lo hace posible?

El hecho más significativo de éste relato, es el milagro que se realiza por la fe. El personaje central, además de Jesús, no es Lázaro, más bien, Marta con su formidable profesión de fe: “Si Señor, yo creo firmemente que tu eres el Mesías, el Hijo de Dios, Aquel que debía de venir al mundo”. En el contexto histórico de entonces, no era fácil creer en Jesús. Desde éste punto de vista, la verdadera resurrección según lo dicho por el evangelio de Juan es la resurrección de Marta: es ella que por haber creído, puede resucitar.

Una de las muchas preguntas en este pasaje es hecha por los judíos: «Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podría impedir que Lázaro muriera?». Jesús no quiere resolver nuestros problemas, multiplicando los milagros. Y es significativo que los milagros escritos por Juan no se llaman milagros,  sino signos. Con el milagro de Betania Jesús quería enseñarnos que la ley de la muerte está bajo la ley de la resurrección.

Pero hay otros mensajes del Evangelio que son más difíciles de entender porque no sólo revelan los rasgos humanos de Jesús, sino algo más secreto: su misteriosa relación con la vida que está escondida en Dios  Es significativo que Jesús  no nos dice “yo  dispongo de la  resurrección”, sino que usa la expresión “Yo soy”,  Yo soy la resurrección y la vida” que en la Biblia es la vida misma de Dios, ya que “Yo soy” es la expresión con la cual se revela Dios a sí mismo. De esta manera se comprenden mejor las palabras posteriores de Jesús, cuando  refiriéndose a la multitud de los presentes, confía un deseo ante la tumba de Lázaro: “que crean que tú me enviaste.” Y continúa: “Gracias, Padre, por escucharme.”

Debemos de orar agradeciendo por el don de la Fe, que nos permite resucitar a la nueva vida; orar para poder creer en las lágrimas de Nuestro Señor, en la verdad de sus palabras, en la fuerza de su amor que nos conduce a vivir en la auténtica libertad de críticas, de la dureza del corazón, de la superficialidad, de la banalidad, de la soberbia, de la egolatría, al pretender creer que podemos vivir sin fe, sin Dios, sin obras de amor.

En la antigua Roma, los que luchaban decían “Memento mori “, recuerdo que debo morir”,  y esto se repitió durante siglos,  pero para los cristianos, las palabras deben de ser  “Recuerdo que debo resucitar.” unido a Cristo, que ha vencido a la muerte.

 

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Exhortación a la confianza: Isaías 40


Hoy sentí necesidad de compartir mi oración con alguién más y aquí la dejo, para él que guste.

27 ¿Por qué dices, Jacob,
y lo repites tú, Israel:
“Al Señor se le oculta mi camino
y mi derecho pasa desapercibido a mi Dios”?

28 ¿No lo sabes acaso?¿Nunca lo has escuchado?
El Señor es un Dios eterno,
él crea los confines de la tierra;
no se fatiga ni se agota,
su inteligencia es inescrutable.

29 Él fortalece al que está fatigado
y acrecienta la fuerzadel que no tiene vigor.

30 Los jóvenes se fatigan y se agotan,
los muchachos tropiezan y caen.

31 Pero los que esperan en el Señor
renuevan sus fuerzas,
despliegan alas como las águilas;
corren y no se agotan,
avanzan y no se fatigan.

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